Premio Tang al Estado de Derecho para la canadiense Louise Arbour

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La segunda edición del Premio Tang al Estado de Derecho fue a parar este día 21 a la jurista experta en Derecho Internacional, Louise Arbour, de Canadá. Arbour ha sido Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, miembro del Tribunal Supremo de Canadá y presidenta ejecutiva del Grupo de Crisis Internacional (ICG, siglas en inglés). En 1996 aceptó ser fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional para investigar los crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia y Ruanda.

 

El presidente del Jurado del Premio Tang, Lee Yuan-tseh, explicaba las razones para la concesión de este premio a Louise Arbour: “La premiada ha sido Louise Arbour por sus aportaciones duraderas a la justicia penal internacional y la protección de los derechos humanos, por la promoción de la paz, la justicia y la seguridad en su país y en el resto del mundo, y por su trabajo, siempre en los márgenes de la ley, para expandir las fronteras de la libertad a todo el mundo”.

 

La antigua miembro del Yuan de Justicia, Hsu Yu-hsiu, dijo que los actos más encomiables de Louise Arbour se produjeron cuando se hizo cargo por primera vez del puesto de fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional, haciendo un uso efectivo de sus escasos recursos y de las dificultades para la detención de los culpables. Todo ello hizo que pudiesen aplicarse los principios del derecho en el plano internacional.

 

Hsu Yu-hsiu lo decía así: “Fue recabando pruebas sólidas y construyendo su caso. Luego se esforzó por convencer a la OTAN de que tenían el deber de cooperar con el Consejo de Seguridad de la ONU. Después comenzó a cooperar con tribunales de los estados secesionados de la ex-Yugoslavia. Por ello, pudo detener poco a poco a los criminales. Durante su mandato fiscal el número de detenidos por crímenes de guerra aumentó, e incluso pudo arrestar a algunos nombres grandes como el de Slobodan Milosevic, en aquel momento presidente de Serbia”.

 

Hsu Yu-hsiu dijo que Louise Arbour consiguió juzgar muchos crímenes de guerra y el suyo es el mayor esfuerzo en la protección de los derechos humanos desde los juicios de Nuremberg y Tokio tras la II Guerra Mundial. Además, Arbour se ocupó también de la justicia transicional tras periodos de guerra, sobre todo en cuestiones de reconciliación política y étnica, dejando muchos ejemplos de tratamiento de estas cuestiones que han tenido efectos a largo plazo.

 

RTI

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