Un gran compositor taiwanés

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Taiwán de ayer y de hoy
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Gordon Shi-wen Chin, ganador de un Premio Nacional de Arte en 2018, es ampliamente reconocido por sus composiciones multifacéticas. No solo es uno de los compositores internacionales más importantes de la escuela moderna, sino que, audazmente, ha introducido diferentes elementos en su trabajo y, además, siempre está probando cosas nuevas, explorando los límites de la originalidad en su propia vida.

Lo más notable es que nunca ha olvidado sus aspiraciones juveniles. Si bien es cierto que dejó su tierra natal cuando era muy joven, no deja de serlo menos que nunca cortó por completo la conexión con sus antiguas raíces. Ha transformado su amor por su lugar natal en una dedicación encaminada a dar a conocer la cultura taiwanesa hasta el punto de convertirse en un importante abanderado de la misma.

«Para crear, inevitablemente debes transitar a través del sufrimiento, porque solo entonces puedes cosechar sus dulces frutos». Gordon Shi-wen Chin, profundamente inmerso en los movimientos de su espíritu, saborea con un alegre corazón, los dolores propios del parto de su creación artística. Como compositor, la mente de Chin siempre está llena de interminables notas que van bailando. El pulso, que llena sus pensamientos y exige ser expresado, fluye naturalmente a través de sus dedos, convirtiéndose en una expresión de espontánea eternidad.

Gordon Chin cree que «un compositor es como un pionero, liderando el camino a través del desierto». Debe tener la perseverancia suficiente para abrirse camino a través de la maleza llena de espinas, porque solo así se puede llegar a los prados llenos de flores de la creación artística. Él ha encontrado la esperanza también a través de su fe. Durante casi treinta años se ha desempeñado como director y director musical de la Orquesta Sinfónica y Coro de Yinqi, invirtiendo dinero, tiempo y energía sin quejas ni arrepentimientos.

Alabado como un genio desde la infancia, Chin se dio cuenta de que «el genio no es más que trabajar duro durante un largo período de tiempo, es la capacidad de soportar el sufrimiento». Le da todo el mérito al Dios con el que trabaja: «Las habilidades humanas son inadecuadas, así que todo lo que podemos hacer es confiar en la ayuda de Dios. La fe ha sido mi fuerza motriz inagotable».

«Todos los días paso al menos ocho o nueve horas componiendo». Inmerso en su estudio, ésta ha sido la rutina diaria de Chin durante décadas. «Tienes que ser capaz de aguantar la soledad». El proceso creativo a menudo es un tormento arduo, pero debes recibirlo con un corazón alegre. «Cuando estoy componiendo, a menudo paso un mes sin hablar con nadie».

Chin, actualmente profesor de la Universidad Normal Nacional de Taiwán, les dice claramente a sus estudiantes: «Componer es un camino solitario y difícil. Tienes que conseguir que la gente te encargue obras para poder salir adelante, de lo contrario no puedes vivir de ello. Solo si tus ambiciones son firmes y claras, puedes avanzar sin miedo en este arduo camino. Un compositor debe tener una base sólida en la música clásica, y debe estar familiarizado con al menos un instrumento, preferiblemente el piano.”

Intentar llegar siempre un poco más allá es el destino de un compositor. Todos y cada uno de los trabajos deben tener un contenido innovador y profundo. Solo cuando los oyentes están subyugados por una emoción irresistible, hasta el punto de que se ha despertado una resonancia en sus almas, podemos decir que una obra se mantendrá viva para siempre.

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